- Yo también la besé -me dijo el viejo medio en susurros.
El cabronazo se había bebido ya unos ocho o diez vasos de vino; aunque no estaba seguro porque yo llevaba otros tantos, más las cuatro chupitos de vodka que me había bebido con Eva en su casa hacía un par de horas. Y bueno, creo que dos cervezas también tomamos. Tal vez tres.
- ¿Que la besó? ¿Usted? -Le pregunté por preguntarle algo, en realidad me daba igual.
- Sí, chaval. Yo. Aquí donde me ves... Pffff - Resoplaba y, debido al temblor de su mano, dentro del vaso parecía agitarse una tormenta de vino. Algunas gotitas caían sobre la curtida mesa de madera de aquel mesón de pueblo.
- ¿A quién besó? ¿De qué me está hablando? -El alcohol no me permitía recordar muy bien qué coño estaba yo haciendo en aquel bareto de viejos, con aquel borracho que me recordaba a mi abuelo, que acababa de morir precisamente.
- Tú no conoces el encanto de la mujer más besada del mundo... No tienes ni puta idea.
- ¿Cómo que no? -Dije por decir.
En realidad creo que habían sido cuatro chupitos de vodka y media botella de tequila en casa de Eva. Luego es posible que abriéramos dos latas de cerveza cada uno, pero me parece recordar que el pack de seis lo habíamos terminado.
- La mujer más besada del mundo, ¿sabes quién es?
- ¿Quién?
- ¡Tu madre!
La verdad es que su respuesta me tocó bastante la moral, me daba igual que fuera un viejo o un borracho. ¿Qué le había hecho yo para que me hablara así? Tal vez se aprovechaba de mi estado porque, ahora que lo pienso, además de todo lo que recordaba haberme bebido, creo que Eva me había dado a probar una botella de licor café que había traído su madre de Galicia de la que es posible que dejáramos solamente un culín.
- Oiga, no me hable así, que usted sea un viejo borracho no le salvará de que le falte al respeto si sigue con sus gilipolleces, hijo de perra...
- ¿No sabes nada, verdad? ¡No sabes de qué hablo! Gañán...
No entendía nada. De todas formas el mareo que sentía sólo podía deberse a que aparte de todo lo que ya te he dicho, nos hubiéramos pimplado también una botella de champagne (porque el champagne me sienta fatal). Sí, fijo que nos habíamos tomado una botella de champagne entre los dos. Tal vez una y media y habíamos dejado la otra media de lado porque estaba un poco caliente, y claro, el champagne caliente no mola nada.
- Mire, déjese de gilipolleces y hábleme de otras cosas... De la petanca o del tute, de cosas de esas que os gustan a los viejos de mierda como usted
- Me das pena, niñato... ¿Más vino? ¿Pido otra botella?
- Sí
- ¡Rafa, ponte otra de tinto por aquí!
Estaba muy mareado, así que me levanté y salí a la calle, necesitaba urgentemente tomar el aire, fumar un cigarro. Encontré a tientas un paquete arrugado en el bolsillo trasero del pantalón, pero el único cigarro que quedaba estaba partido por la mitad, como si fuera el tallo de una extraña flor muerta. Además no tenía mechero, alguien me lo debía de haber robado en un descuido. Escupí y me cagué en algo o en alguien. Arrugué el paquete con el cigarro dentro y lo tiré a tomar por culo. Creo que cayó encima del capó de un coche, aunque no lo sé, no lo vi bien.
Crucé la calle y llegué hasta el descampado que hay enfrente del bar de Rafa. Allí comencé a canturrear algo, animado supongo por el alcohol, pero debí tropezar con el bordillo o con alguna piedra que había por allí y me caí. La tierra estaba húmeda y fresca. Era agradable. Me quede tirado todo lo largo que era y tal y como había caído: cabeza abajo, tronco retorcido y piernas en posición fetal. Entre sueños intenté hacer acopio de lo que había bebido aquel día:
- No mucho en realidad -pensé.- Pero ¿Y el viejo? ¿Quién coño era ese viejo? ¿Qué me estaba contando?
Entonces, entreabrí los labios y, como en un impulso, besé la tierra. Y comprendí. El encanto de la mujer más besada del mundo... Mi madre...
- ¡Puto viejo! ¡A mí no me vacila nadie!
Al cabo de un rato largo me levanté y volví al bar. En la mesa ya no había nada, nadie. Vi al viejo en otra mesa, charlando con una chica que estaba de espaldas a mí, que se parecía a Eva y que estaba llorando. Me quedé de piedra, como si de repente me hubiera convertido en una estatua. El viejo le tomó de la mano, se acercó a ella. Y la besó. La escena era encantadora.
Blog del profesor, traductor, escritor, personaje real y de ficción Antonio Díez
También he sido, que yo recuerde: socorrista, monitor de natación, repartidor de periódicos, cocinero, mozo de almacén, camarero, administrativo, telefonista, estudiante y parado...
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viernes, 8 de noviembre de 2013
EL ENCANTO DE LA MUJER MÁS BESADA DEL MUNDO
viernes, 1 de noviembre de 2013
EL PACIENTE ARTESANO QUE HACE RELOJES DE PRINCIPIO A FIN
De su infancia se sigue hablando por la paciencia mostrada: paciencia infinita de niño sin padres, acostumbrado a mirar atardeceres desde el balcón esperando a alguien que no va a llegar. Realizaba sus tareas con parsimonia pero con buena letra y buscaba siempre la palabra correcta en la redacción, el resultado exacto del problema, la cantidad precisa de esto o de aquello en el laboratorio y en los trabajos manuales, su asignatura favorita.
Dinero siempre se necesitaba en casa de su abuela, que era quien se encargaba de darle salud y cariño; así que empezó a trabajar en un taller de relojes. Pasó de aprendiz a maestro en relativamente poco tiempo, se convirtió en el paciente artesano que hace relojes de principio a fin. Su fama crecía a la vez que su cuerpo, dejaba poco a poco de ser un muchacho.
Poco antes de morir su abuela le contó todo: la invasión, los aviones, las bombas, el coche de sus padres saltando por lo aires. Y que no hubo explicaciones, que nadie pidió perdón. Ni hubo culpables, ni hubo pesquisas. Y no fueron los únicos muertos sus padres, no era él el único huérfano; miles de historias similares se oían a veces en los mercados, cuando la guardia no estaba presente. También en algunos locales de ocio donde no entraban extraños. Allí se hablaba de cosas y allí los conoció. Quiso ayudar.
Ahora por fin ha encontrado su sitio: programa la hora y explota la bomba. Los invasores, sin embargo, siempre vuelven, no acaban nunca. Pero si algo tiene -y lo tiene- es paciencia. No serán infinitos los invasores...
sábado, 19 de octubre de 2013
VÍA SÓLO HAY UNA
Te preguntas, Leonarda, si de verdad todo esto está sucediendo, si es cierto que te han detenido durante una excursión escolar, si tus compañeros de clase habrán visto en la profundidad de tus ojos la persecución ancestral de los gitanos europeos, el miedo de los deportados. A fin de cuentas algo de eso habéis estudiado juntos, no hace mucho en realidad: la ocupación, los golpes en la puerta, el llanto de los niños, los golpes en los rostros de los hombres, las mujeres arrastradas de los pelos. Las banderas francesas se escondían o se quemaban a escondidas. Y luego el tren de Mauthausen, de Buchenwald, de Auschwitz. No hacía paradas. De aquel lugar nadie regresa, os contaron en la escuela: vía solo hay una, sin retorno; y después una verja. Sólo echas en falta las cruces gamadas, y piensas que son como todo lo Europeo: pura moda que pasa, se transforma y después regresa. De todas formas ya has llegado al aeropuerto, un agente te espera en la aduana. No te sonríe pero te dice que tu puerta es la catorce, que te sientes. Y te sientas. Mentalmente tarareas una cancioncilla que cantaba tu hermana en la ducha hace unos días:
...As nuk dua ruz-e, as nuk dua par-e,
por e dua dja-djalin, more me cigare...
//
... No quiero abalorios ni quiero monedas de oro,
quiero un hombre joven que fume un cigarrillo...
...As nuk dua ruz-e, as nuk dua par-e,
por e dua dja-djalin, more me cigare...
//
... No quiero abalorios ni quiero monedas de oro,
quiero un hombre joven que fume un cigarrillo...
sábado, 12 de octubre de 2013
NO ESTAMOS PARA BROMAS
- Antonio, ha sido elegido en un sorteo ante notario para representar a todos los madrileños. Usted y solo usted hará realidad el sueño de todos los habitantes de esta región: que se instale un macrocomplejo de casinos en Alcorcón.
- ¿Cómo dice?
Es raro descolgar el teléfono y que alguien te suelte todo eso, así, de repente. Al menos para mí era una cosa extraña.
- Lo que oye
- Pero es que no le he comprendido. ¿Quién es usted?
- Soy el secretario del subsecretario de la subdelegación de industria de la consejería de administraciones públicas de la Comunidad de Madrid
- Es un placer
- ...
- ¿Qué quieren de mí?
- Como le iba diciendo, es usted afortunado: el magnate del juego y el vicio estadounidense Sheldon Cooper Adelson ha decidido que instalará su megaconstrucción en nuestra zona si un madrileño, elegido al azar entre todos los censados, cumple uno de sus deseos sexuales. Una perversioncilla de nada.
- ¿Y?
- ¡Que usted, querido conciudadano, ha resultado elegido!
- ¿Yo?
- ¡Usted, don Antonio!
- Pero si yo ni hago quinielas ni juego a nada, a mí qué más me da
- Le da, le da, porque, ¿usted busca trabajo?
- No
- ¿Alguien de su familia busca trabajo?
- No sé. Creo que no.
- ¿Alguien que usted conozca busca trabajo?
- Sí, mucha gente
- Pues gracias a usted podrán ser crupieres
- ¿El qué?
- Un trabajo que hay en los casinos
- ¿Y en qué consiste?
- No lo sé, da igual. Es un trabajo.
- Ya
- ...
- ...
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- Que si acepta usted el encargo que han depositado en usted los madrileños
- No
- ¿Cómo que no? ¡Pero si aún no sabe lo que es!
- Ni me importa
- ¿Acaso no sabe usted que...?
Colgué.
- Antonio, cariño, ¿quién era?
- No sé. Un subsecretario de no sé qué.
- ¿Y qué le has dicho?
- Nada. Que no estamos para bromas.
- ¡Ven, corre, que están diciendo algo importante en la televisión!
- ¿Qué es eso?
- Están llamando en directo a gente al azar para no sé qué proyecto en Alcorcón.
- ¡No me digas!
- ¡Sí! Y están llamando a tu jefe... Hace un minuto, un gilipollas que no se enteraba de nada, ha rechazado la oferta... ¡Qué imbécil!
- ¿Mi jefe dices?
- Sí, ¡Y ha aceptado! ¡Suerte que tiene el tío!
- ¿Qué ha aceptado?
- Una marranada. Con el oligarca ése americano como-se-llame, además. Asqueroso. Pero qué importa: gente de su familia va a poder ser crupier. Lo han dicho por la tele.
- Ah. Ok. ¿Cambiamos ya?
- Espera...
- Cambia de canal, por favor
- Espera, coño, desde luego qué aguafiestas eres... Seguro que si te hubieran llamado a ti lo habrías rechazado o algo peor, seguro que terminarías haciendo el ridículo
- Seguro que sí, cómo me conoces...
- ¿Cómo dice?
Es raro descolgar el teléfono y que alguien te suelte todo eso, así, de repente. Al menos para mí era una cosa extraña.
- Lo que oye
- Pero es que no le he comprendido. ¿Quién es usted?
- Soy el secretario del subsecretario de la subdelegación de industria de la consejería de administraciones públicas de la Comunidad de Madrid
- Es un placer
- ...
- ¿Qué quieren de mí?
- Como le iba diciendo, es usted afortunado: el magnate del juego y el vicio estadounidense Sheldon Cooper Adelson ha decidido que instalará su megaconstrucción en nuestra zona si un madrileño, elegido al azar entre todos los censados, cumple uno de sus deseos sexuales. Una perversioncilla de nada.
- ¿Y?
- ¡Que usted, querido conciudadano, ha resultado elegido!
- ¿Yo?
- ¡Usted, don Antonio!
- Pero si yo ni hago quinielas ni juego a nada, a mí qué más me da
- Le da, le da, porque, ¿usted busca trabajo?
- No
- ¿Alguien de su familia busca trabajo?
- No sé. Creo que no.
- ¿Alguien que usted conozca busca trabajo?
- Sí, mucha gente
- Pues gracias a usted podrán ser crupieres
- ¿El qué?
- Un trabajo que hay en los casinos
- ¿Y en qué consiste?
- No lo sé, da igual. Es un trabajo.
- Ya
- ...
- ...
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- Que si acepta usted el encargo que han depositado en usted los madrileños
- No
- ¿Cómo que no? ¡Pero si aún no sabe lo que es!
- Ni me importa
- ¿Acaso no sabe usted que...?
Colgué.
- Antonio, cariño, ¿quién era?
- No sé. Un subsecretario de no sé qué.
- ¿Y qué le has dicho?
- Nada. Que no estamos para bromas.
- ¡Ven, corre, que están diciendo algo importante en la televisión!
- ¿Qué es eso?
- Están llamando en directo a gente al azar para no sé qué proyecto en Alcorcón.
- ¡No me digas!
- ¡Sí! Y están llamando a tu jefe... Hace un minuto, un gilipollas que no se enteraba de nada, ha rechazado la oferta... ¡Qué imbécil!
- ¿Mi jefe dices?
- Sí, ¡Y ha aceptado! ¡Suerte que tiene el tío!
- ¿Qué ha aceptado?
- Una marranada. Con el oligarca ése americano como-se-llame, además. Asqueroso. Pero qué importa: gente de su familia va a poder ser crupier. Lo han dicho por la tele.
- Ah. Ok. ¿Cambiamos ya?
- Espera...
- Cambia de canal, por favor
- Espera, coño, desde luego qué aguafiestas eres... Seguro que si te hubieran llamado a ti lo habrías rechazado o algo peor, seguro que terminarías haciendo el ridículo
- Seguro que sí, cómo me conoces...
miércoles, 25 de septiembre de 2013
YA NO PODEMOS DECIR QUE SOMOS LOS FAVORITOS
- Oye, que no, que ya no
- ¿Cómo que ya no?
- ¡Que ya no! ¡QUE YA NO!
- ¿Que ya no qué?
- Que ya no podemos decir que somos los favoritos
- ¿Los favoritos de qué? ¿Para qué?
- Los favoritos, los favoritos, ¡LOS FAVORITOS!
- PERO ¿DE QUÉ?
- De nada, déjalo
- ¿Cómo que de nada?
- Déjalo
- ¿Cómo que lo deje?
- De nada, déjalo
- Pero...
- ¡Que lo dejes! ¡Que lo olvides!
- ¿Has dicho que ya no podemos decir que somos los favoritos?
- NO
- Sí, lo has dicho
- NO
- Sí
- ¡NO, no lo he dicho!
- SÍ
- NO
- QUE SÍ
- ...
- ¿Ves? Te callas. Lo has dicho.
- ...
- ¡AAAH! ¡ Lo has dicho!
- Déjame
- ¡AAAH!
- Que me dejes
- ¡Lo has dicho!
- ¡Bah!
- ¿Cómo que ya no podemos decir que no somos favoritos? ¿Por qué dices eso?
- ¡Porque no podemos!
- ¡Sí podemos!
- No, no podemos
- Podemos, claro que podemos
- No, Frank, no podemos
- ¿Y por qué no, si puede saberse?
- Porque no y punto. ¿Es que no te das cuenta?
- ¿Cuenta de qué?
- Estamos demasiado flacos, no comemos bien, tenemos que engordar
- ¿Engordar?
- Engordar
- ¡No necesitamos engordar! Estamos bien, en forma
- ¿Hace cuánto que no comes?
- ¿Qué?
- Que hace cuánto que no comes
- Dos días
- ¿Lo ves? Estás flaco, escuchimizado
- Igual que tú
- ¡Claro que igual que yo! ¡Por eso mismo!
- ¡Quiero decir que igual que tú y que todos!
- Estás muy equivocado, yo no...
- Tú sí, Betty. Y los demás también. Bueno, no todos. Mira los Pendelton, son un familia sana y rolliza. Ellos son los favoritos.
- ¿Los Peckleton? ¿Ellos? No me puedo creer que digas eso
- ¡Es cierto!
- Los Peckleton son unos perdedores, una familia mediocre
- Pero gordos
- Bueno, un poco gordos. Pero insanos. Pura grasa saturada. Son gordos de una manera insana y saturada, no como nosotros.
- ¿Nosotros qué?
- Tenemos más fibra
- ¿Más fibra?
- Sí ,esa cosa que es buena para ir al baño
- Qué tonterías dices
- Es cierto, lo vi en un documental de la televisión: comer alimentos con fibra te ayuda a ir al baño
- No era un documental, era un anuncio, ¡un puto anuncio! Seguro que es mentira todo
- No creo, ¿se gastarían el dinero en hacer un anuncio que dijera mentiras acaso?
- Déjalo, Betty
- De todas formas no merece la pena seguir discutiendo
- No, no merece la pena. Me agotas.
- No lo digo por eso
- ¿Ah, no?
- No. Lo digo porque ya vienen.
- ¿Vienen?
- Ellos
- ¿Los Pendelton?
- No. Ellos. Los carniceros.
- Pues ya verás.
- ¿Ya verás qué?
- Quienes son los favoritos
- Seguro que nosotros
- Seguro que los Pendelton
- ¿Qué te apuestas?
- Un cubo. ¡No! Mejor dos cubos de pienso
- Hecho
- Ya los veo, por ahí vienen. Verás.
- Veremos... Tengo ya ganas de salir de aquí...
- ¿Cómo que ya no?
- ¡Que ya no! ¡QUE YA NO!
- ¿Que ya no qué?
- Que ya no podemos decir que somos los favoritos
- ¿Los favoritos de qué? ¿Para qué?
- Los favoritos, los favoritos, ¡LOS FAVORITOS!
- PERO ¿DE QUÉ?
- De nada, déjalo
- ¿Cómo que de nada?
- Déjalo
- ¿Cómo que lo deje?
- De nada, déjalo
- Pero...
- ¡Que lo dejes! ¡Que lo olvides!
- ¿Has dicho que ya no podemos decir que somos los favoritos?
- NO
- Sí, lo has dicho
- NO
- Sí
- ¡NO, no lo he dicho!
- SÍ
- NO
- QUE SÍ
- ...
- ¿Ves? Te callas. Lo has dicho.
- ...
- ¡AAAH! ¡ Lo has dicho!
- Déjame
- ¡AAAH!
- Que me dejes
- ¡Lo has dicho!
- ¡Bah!
- ¿Cómo que ya no podemos decir que no somos favoritos? ¿Por qué dices eso?
- ¡Porque no podemos!
- ¡Sí podemos!
- No, no podemos
- Podemos, claro que podemos
- No, Frank, no podemos
- ¿Y por qué no, si puede saberse?
- Porque no y punto. ¿Es que no te das cuenta?
- ¿Cuenta de qué?
- Estamos demasiado flacos, no comemos bien, tenemos que engordar
- ¿Engordar?
- Engordar
- ¡No necesitamos engordar! Estamos bien, en forma
- ¿Hace cuánto que no comes?
- ¿Qué?
- Que hace cuánto que no comes
- Dos días
- ¿Lo ves? Estás flaco, escuchimizado
- Igual que tú
- ¡Claro que igual que yo! ¡Por eso mismo!
- ¡Quiero decir que igual que tú y que todos!
- Estás muy equivocado, yo no...
- Tú sí, Betty. Y los demás también. Bueno, no todos. Mira los Pendelton, son un familia sana y rolliza. Ellos son los favoritos.
- ¿Los Peckleton? ¿Ellos? No me puedo creer que digas eso
- ¡Es cierto!
- Los Peckleton son unos perdedores, una familia mediocre
- Pero gordos
- Bueno, un poco gordos. Pero insanos. Pura grasa saturada. Son gordos de una manera insana y saturada, no como nosotros.
- ¿Nosotros qué?
- Tenemos más fibra
- ¿Más fibra?
- Sí ,esa cosa que es buena para ir al baño
- Qué tonterías dices
- Es cierto, lo vi en un documental de la televisión: comer alimentos con fibra te ayuda a ir al baño
- No era un documental, era un anuncio, ¡un puto anuncio! Seguro que es mentira todo
- No creo, ¿se gastarían el dinero en hacer un anuncio que dijera mentiras acaso?
- Déjalo, Betty
- De todas formas no merece la pena seguir discutiendo
- No, no merece la pena. Me agotas.
- No lo digo por eso
- ¿Ah, no?
- No. Lo digo porque ya vienen.
- ¿Vienen?
- Ellos
- ¿Los Pendelton?
- No. Ellos. Los carniceros.
- Pues ya verás.
- ¿Ya verás qué?
- Quienes son los favoritos
- Seguro que nosotros
- Seguro que los Pendelton
- ¿Qué te apuestas?
- Un cubo. ¡No! Mejor dos cubos de pienso
- Hecho
- Ya los veo, por ahí vienen. Verás.
- Veremos... Tengo ya ganas de salir de aquí...
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