el trato era sencillo:
ingresar diez euros
en una cuenta corriente
del banco de santander
y recibí
en realidad
lo que nadie quería:
el último libro de
José Luis Zuñiga
sin dedicatoria
(Antonio Díez)
...Este viernes a partir de las 20:30 se presenta en los diablos azules "Ya veo la bala en mi cabeza", poemario póstumo de José Luis Zuñiga... Supongo que acudirán numerosos amigos de Zuñi y que el lugar estará a reventar. Yo no podré asistir porque justo ese mismo día, a esa misma hora, tengo una presentación comprometida en Sevilla desde hace varios meses... Por eso he querido escribirle este pequeño poema, fruto de la sensación agridulce que tuve cuando recibí por correo su último libro, enviado muy amablemente por la mujer de Zuñi tras el fallecimiento de José Luis... Lamentablemente no pude conseguirlo de la manera que tenía concertada con él: habíamos hablado para quedar y poder comprárselo en persona. Poco después todo se precipitaría de mala manera y ya no nos vimos más... Este libro, todo hay que decirlo, es una auténtica joya, una maravilla que pone, aunque sea póstumamente, muchas cosas en su sitio... Descansa en paz amigo, y que os vaya muy bien el viernes en la presentación. No os lo perdáis si podéis ir. La ocasión lo merece... Me gustaría poder estar con vosotros...
Blog del profesor, traductor, escritor, personaje real y de ficción Antonio Díez
También he sido, que yo recuerde: socorrista, monitor de natación, repartidor de periódicos, cocinero, mozo de almacén, camarero, administrativo, telefonista, estudiante y parado...
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domingo, 15 de mayo de 2011
SIN DEDICATORIA
viernes, 8 de abril de 2011
HABLANDO DE LEYENDAS EN ALCOBENDAS
Hoy viernes 8 de abril a partir de las ocho de la tarde estaré en el:
de Alcobendas - Paseo de la Chopera 59 : Sala 2,
(metro "Marqués de la Valdavia" - L10)
presentando el libro
junto a Ricardo Bórnez y Eduardo Andradas
Gracias a Impulso Creativo y Cultura Indigente por la invitación...
Por mi parte (y supongo que por la de todos) este recital estará dedicado en su totalidad a la memoria de nuestro amigo José Luis Zúñiga, músico y poeta, recientemente fallecido.
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Zúñiga José Luis
lunes, 4 de abril de 2011
JOSÉ ZÚÑIGA (1949-2011)

Esta es una entrada que no tenía previsto escribir y que nunca quisiera haber escrito: se me ha muerto un amigo, José Luis Zuñiga. Se nos ha muerto un poeta.
La verdad es que no sé qué decir porque me acabo de enterar... Me he conectado a internet hace un rato y estoy leyendo como otros amigos y amigas se hacen eco de la mala noticia... No termino de creérmelo porque hace bien poco hablé con él para comprarle su último libro -recién editado-:
- Bueno Zuñi, pues quedamos, nos tomamos algo y me lo pasas en mano, lo prefiero así, así nos vemos -le dije.
- Me parece muy bien
- Además me gustaría que vinieras a Fuenlabrada a presentarlo
- Claro...
Ya no será posible... Sé que Zuñi ha muerto y se me agolpan los recuerdos... El primero que me viene a la cabeza es cuando recité con él hace un año más o menos... La foto es de entonces. Estamos en Los Diablos Azules: él lee y yo le observo admirado...
Ahora mismo no sé qué decir que no sea un tópico: que le voy a echar de menos, que hay cosas que me hubiera gustado decirle y que ya no podré, que era uno de los mejores poetas (y mejores recitadores, ¡ojo!) que he conocido, que descanse en paz... Sí, que lo mejor será eso, que descanse en paz... Y que le queremos... Y como no sé qué más decir le cedo a él la palabra...
Este poema fue uno de los que leyó aquella noche en los Diablos Azules:
EL PATIO DEL COLEGIO
Era todo muy triste, eso lo supe luego.
Íbamos al colegio con aquellos
pantalones tan cortos y una prenda algo extraña
que se ataba con una goma elástica.
Bailábamos peonzas, jugábamos al clavo,
a carreras de chapas
que entonces cotizaban tanto o más
que un cincuentín de oro,
a veces al pañuelo, siempre al futbol
con balones de trapo. Llovía sin parar,
una lluvia tenaz, liviana, torpe,
que empapaba la ropa, los chalecos de lana
que mi madre tejía.
Íbamos al colegio con aquellos
pantalones tan cortos y una prenda algo extraña
que se ataba con una goma elástica.
Bailábamos peonzas, jugábamos al clavo,
a carreras de chapas
que entonces cotizaban tanto o más
que un cincuentín de oro,
a veces al pañuelo, siempre al futbol
con balones de trapo. Llovía sin parar,
una lluvia tenaz, liviana, torpe,
que empapaba la ropa, los chalecos de lana
que mi madre tejía.
Todo era triste entonces, pero yo lo ignoraba,
yo era un niño feliz a pesar de los curas.
Era normal que cada invierno dieran
la vuelta a los abrigos, y cada primavera
una modista gorda, muy risueña
y con muslos morbosos, cambiara a las camisas
los cuellos desgastados. Y odiábamos la copla,
y eso que no era fácil odiar en aquel tiempo:
el odio era pecado y, aunque tampoco eso lo sabía,
te podía costar serios disgustos
y algún año de cárcel.
Todo era triste, pero yo me alegraba
los días de mi santo, cuando me regalaban
un libro de Salgari o de Guillermo Brown,
cuando se iban los plomos y buscábamos velas.
Me alegraba con cualquier tontería,
y aún recuerdo que me reía mucho,
sin ton ni son a veces.
los días de mi santo, cuando me regalaban
un libro de Salgari o de Guillermo Brown,
cuando se iban los plomos y buscábamos velas.
Me alegraba con cualquier tontería,
y aún recuerdo que me reía mucho,
sin ton ni son a veces.
Todo era triste, eso lo supe luego.
Todo era triste entonces y sigue siendo triste,
lo malo es que ahora sé lo que antes no sabía
y siento un malestar tripas adentro
cuando pienso los tiempos felices de mi infancia.
Todo era triste entonces y sigue siendo triste,
lo malo es que ahora sé lo que antes no sabía
y siento un malestar tripas adentro
cuando pienso los tiempos felices de mi infancia.
No puedo ser feliz. No quiero
haber sido feliz. Sigue lloviendo
y ahora el agua me cala hasta los huesos.
No tengo en la cabeza más que muertes
de efectos especiales. Muchas veces
me despierto en la noche envuelto en nieblas
de traición o de olvido. Me tomo dos pastillas
y consigo dormir, mañana vuelvo
al patio del colegio, allí están todos.
haber sido feliz. Sigue lloviendo
y ahora el agua me cala hasta los huesos.
No tengo en la cabeza más que muertes
de efectos especiales. Muchas veces
me despierto en la noche envuelto en nieblas
de traición o de olvido. Me tomo dos pastillas
y consigo dormir, mañana vuelvo
al patio del colegio, allí están todos.
José Luis Zuñiga
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